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NIÑOS SUPERDOTADOS: UNA INFANCIA DIFERENTE

Solo
tiene 12 años, pero Carlos Antonio Santamaría Díaz estudia física
biomédica en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). El
joven universitario ya había cursado dos diplomados allí mismo, uno
en bioquímica y biología molecular y otro en química analítica.

Para poder matricularse en la licenciatura tuvo que realizar una prueba de acceso. Al examen se presentaron 72.000 aspirantes, de los que solo quedaron 6.300, Carlos Antonio entre ellos.

Recientemente salió a la luz el caso de Ophelia Morgan-Dew, una niña británica de 3 años con un cociente intelectual de 171, superior al de físicos como Albert Einstein o Stephen Hawking, según han publicado varios medios del Reino Unido.

Ophelia es la persona más joven del Reino Unido que logra entrar en la sociedad para superdotados Mensa, una organización que solo acepta como miembros a aquellas personas que demuestren tener un cociente intelectual superior al 98 % de la población.

“El cociente intelectual medio de la población general se sitúa entre 90 y 110”, explica Isabel Ancillo, psicóloga especializada en altas capacidades. Se considera que una persona es superdotada cuando tiene un cociente intelectual de, al menos, 130. “Pero han de cumplirse otras características, como unos altos niveles de creatividad y determinados rasgos de personalidad. Si solo aparece un CI de 130 o superior, estaríamos ante una persona muy inteligente, pero no superdotada”, aclara Ancillo, quien también es miembro de Mensa.

Por su parte, Fabián Santamaría, el padre de Carlos Antonio, afirma que no se sabe cuál es el cociente intelectual (CI) de su hijo y desea que siga siendo así, pues no cree que sea bueno reducir sus posibilidades a lo que digan los números.

La psicóloga comenta que entre los superdotados se da un desarrollo general más avanzado, tanto físico como sensorial. “Los niños alcanzan bastante antes la pubertad, por ejemplo. También son personas perfeccionistas, que dan mucha importancia a la justicia, procrastinadoras (que posponen sus deberes) y con un sentido de la estética muy elevado. También, suelen tener manías o fijaciones con la limpieza, las enfermedades u otras cuestiones que, a veces, se confunden con un trastorno obsesivo compulsivo”, apunta.

Entre los problemas a los que se enfrentan con más frecuencia es que se aburren por la repetición de contenidos en el aprendizaje académico. Además, la especialista subraya que los niños superdotados se sienten “incomprendidos por los niños de su edad, pues se ven ‘entre bebés’, y por los adultos, que los tachan de sabelotodo o raros”.

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