Entretenimiento

El deporte en los niños debe servir para estimular y no para bloquear

Siempre hemos escuchado que la infancia es la etapa de la vida en la que las personas son capaces de recibir y asimilar más cantidad de información. Se trata de un período en el que nuestro sistema neuronal se encuentra en un momento de plasticidad extraordinario para poder ir captando todo tipo de inputs que irán confeccionando nuestro esquema motor (grado de destreza física), nuestra red dendrítica (para activarnos más y mejor) y nuestra forja emocional (actitudes ante la vida). Los estudios actuales de las neurociencias se posicionan en esta dirección, otorgando a estas edades tempranas una importancia determinante en la consecución de un modelo de funcionamiento individual de cada uno de nosotros.

Es por todo esto que, cuando hablamos de las actividades deportivas que deberían realizar nuestros hijos e hijas, deberíamos considerar algunas cuestiones.

La primera es la diversidad del ejercicio. Tendremos que ofrecer a nuestros jóvenes un conjunto de propuestas que potencien el desarrollo de todas las capacidades físicas motrices (fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad), así como el avance en las capacidades de tipo perceptivo y motriz (coordinación, equilibrio, percepción del tiempo y del espacio, etc.). Por tanto, no es tan importante si el niño o niña practica fútbol o patinaje (de hecho, sería interesante que no hiciera nada específico y apostara por tareas multideportivas) sino que, en esta propuesta cerrada (fútbol o patinaje), los profesionales que se encargan conozcan la incidencia que sus actuaciones pueden tener en el desarrollo de los niños.

La segunda gran cuestión hace referencia a la “coacción” que podemos establecer sobre los niños, si todo lo que tienen que hacer durante la actividad deportiva está marcado por un modelo ya establecido (“ahora haremos entradas a canasta de baloncesto por la derecha y dejaremos el

balón en bandeja”). Los modelos de los grandes equipos de deporte profesional mediáticos son una posibilidad entre otras, pero no debemos pretender que los niños y niñas que practican deporte hagan las cosas de la misma manera. Debemos dejar florecer la toma de decisiones individual y colectiva, y así apostar por nuevas soluciones estratégicas que les hagan enriquecerse en los aspectos motrices (técnica), intelectuales (táctica) y emocionales (valores). El deporte en los niños y niñas no es el mismo que practican los profesionales: se trata de un proceso de aprendizaje con objetivos bien distintos, que necesita un planteamiento abierto y excitante, que estimule y que no bloquee.

La tercera cuestión nos lleva a la magnífica oportunidad que nos ofrece la propuesta deportiva: mediante el deporte, podemos hacer aflorar sentimientos y emociones que, bien canalizadas, pueden hacer que nuestros niños transiten por la autopista de la empatía, la solidaridad y la buena educación. Siempre tendremos que situarnos en el sendero del deporte de formación, y será necesario desterrar cualquier episodio de queja, protesta o conducta inadecuada.

Ver más más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *